Sin categoría

Respeto

De acuerdo con la Real Academia Española, el origen de la palabra respeto proviene del latín “respectus”. Se la define como veneración, acatamiento, consideración y manifestaciones de cortés afecto.

Dentro de sus sinónimos,  están la admiración, adoración, amor, culto, devoción, estima, fervor, idolatría, pasión, veneración, decencia, decoro, dignidad, estimación, honor, honorabilidad, honra, nobleza, respetabilidad, reverencia, obediencia, consideración.

El respeto constituye un alto valor moral que permite al hombre reconocer, aceptar, apreciar y valorar las cualidades y derechos del prójimo;  es el reconocimiento del valor propio y de los individuos apreciar y valorar los derechos de los individuos y de la sociedad.

El respeto se encuentra en todas las áreas de la vida; es una virtud que se debe enseñar y desarrollar desde la infancia. Cuando se enseña bien este principio valórico, se cultiva también la felicidad de la persona, la cual será expresada  hacia quienes le rodeen.   Es la básica y granítica palabra que ha permitido al mundo desarrollarse hasta el nivel moderno actual y a las comunidades y a la humanidad subsistir hasta hoy. La humanidad descansa  con grandeza en  el respeto.

Otra acepción para el vocablo lo señala como término que se expone con grandilocuencia en todos los diccionarios de todas las lenguas del mundo. Debemos extender su práctica a nuestro entorno y a la naturaleza en que vivimos.

El respeto es la consideración, atención deferencial que se debe a una persona. Es el sentimiento que lleva a reconocer los derechos y la dignidad del otro. Este valor se fundamenta en la dignidad de la persona; dignidad de igual a igual, compartida por todos. Nuestra dignidad de personas queda situada entre dos coordenadas básicas: la del respeto a nosotros mismos y la del respeto a los demás.

No debemos confundir el respeto con las formas de convivencia respetuosas. El respeto va más allá de las formas. El respeto a los demás es la primera condición para saber vivir y poner las bases a una auténtica comunidad.

Muchas actividades, la mayoría vitales, dependen del ejercicio y la práctica del respeto. Si lo ignoramos ocasionamos un tremendo daño a la comunidad.

Sí…, no cabe duda de que en nuestro país este extraordinario concepto y valor se ha ido  menoscabando. El proceso se inició bruscamente y con mucho dolor, destrucción y muerte un mes de septiembre -nuestro festivo y alegre mes de la Patria. Se agrandaron sus antónimos: miedo, temor, desconsideración, aprensión, recelo. No se respetaron principios valóricos de alta  significación: una constitución, instituciones democráticas y republicanas, honorables juramentos institucionales; la libertad, integridad independencia y vida de seres humanos.

La falta de respeto se extendió irrespetuosamente en lo social y afectó la actividad más digna de una comunidad: la de los profesores. No se respetaron sus derechos económicos,  siempre exiguos.

A muchos jóvenes se les imposibilitó su  educación, pues esta, junto con la salud, se transformó en un factor de lucro. Se acentuaron los grupos víctimas del desconocimiento de este indispensable valor moral.

El respeto se cambió por el mal uso del poder, que practicó y permitió el  enriquecimiento deshonesto. Aparecieron millonarios espurios hasta  hoy. Los desfalcos, las colusiones, cohecho, monopolios,  los financiamientos electorales, mal uso de los fondos del estado y hasta el pasajero de la locomoción colectiva que roba su pasaje. Se ha reforzado el usufructo del lucro y aparecen elevadas ganancias en las Isapres y otras instituciones. Tampoco se pagan algunos bonos asignados por el estado.

Nos invade la decadencia del respeto y nos envuelve día a día, como el “smog”. No se respeta al trabajador enfermo o accidentado y se le tramita perjudicialmente su atención de salud, y mañosamente su compensación económica por las instituciones responsables, especialmente las  mutuales de seguridad, el Compin y destacadamente  las Isapres.

No hay respeto a la mujer, al niño, a la tercera edad, al discapacitado, al enfermo, al jubilado, a las aulas, al patrimonio histórico, al medioambiente, a las vías  peatonales por el comercio ambulante, al arte, al deporte, a la propiedad  privada, a la policía y autoridades, al consumidor de comercio, de empresas y de servicios públicos.

Hay dos tremendos problemas que persisten durante prolongados años, de gravísimas  y dolorosas consecuencias, relacionadas estrechamente con el desprecio por la aplicación de este grandioso valor moral del respeto. Nos referimos a los incendios forestales, a la falta de protección de la naturaleza  y a los accidentes en vías y carreteras.  Ambos tienen como el más valioso elemento de control, o al menos de mitigación, la aplicación de este principio de convivencia humana. Su concepto involucra también el de obediencia y cumplimiento de normas.

En ese sentido, el respeto se aprende y para ello se debe enseñar desde la infancia. Aquí aparece el gran valor de la educación, concepto íntimamente relacionado con el concepto de prevención.

En ambos problemas, con todas sus gravísimas consecuencias, hasta la discapacidad por vida y fallecimiento en los desastres en vías públicas, es fundamental la educación de la comunidad desde la niñez. En estos, no existe el respeto por las normas establecidas, por la señalética, a veces ilógica, por el peatón y viceversa, entre  conductores.

Nuestra actitud social y comunitaria por la vida, desde la infancia hasta nuestro último día de la existencia debe ser proactiva y no reactiva, más aun en las problemáticas que enfrentamos hoy día.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s