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Análisis del sistema de AFP

Rosa Angélica Sánchez, exredactora de la Cámara de Diputados.

En noviembre de 1980, en plena dictadura Cívico-Militar y durante el proceso de las grandes privatizaciones en Chile, José Piñera, ministro del trabajo de la época, propuso a la Junta de Gobierno la creación de las Administradoras de Fondos de Pensiones, AFP, que se convirtieron en un negocio redondo para la clase empresarial y que actualmente están totalmente ilegitimadas.

Las pensiones, los ahorros de años de trabajo y la seguridad al momento de jubilar, pasaron a transformarse en millonarias ganancias que benefician a las AFP, bajo el sistema de capitalización individual.

Desde el 31 de diciembre de 1982 hasta la fecha, las AFP son el único sistema de previsión social para las personas que se incorporan al mundo laboral, el cual sin embargo no rige para los miembros de las Fuerzas Armadas y Carabineros, cuyos sistemas de pensiones y cotizaciones se consagran bajo la modalidad de reparto, en  Capredena y en Dipreca.

Cabe señalar que hasta antes de la creación de las AFP, todos los trabajadores del país cotizaban en las diversas instituciones creadas al efecto: Caja de Empleados Públicos y Periodistas, Caja de Empleados Particulares, Servicio de Seguro Social, Caja Bancaria, Caja del Banco de Chile, Caja del Banco del Estado, etcétera.

El escenario económico de la época señalaba la banca con deuda subordinada; es así como el régimen militar decide implementar un sistema de pensiones que permitiera a quienes estaban en bancarrota superar su situación trabajando con la plata de los trabajadores del país.  A modo de ejemplo, los empleados del Banco de Chile, que cotizaban en una caja propia y que jubilaban en muy buenas condiciones, fueron obligados a cambiarse a la AFP Santa María, creada precisamente por Javier Vial, Presidente del Banco de Chile.  Similar suerte corrieron casi todos los trabajadores de Chile, a quienes se les obligó a abandonar el sistema de reparto y traspasarse al sistema de capitalización individual.

Bajo el sistema de AFP, los trabajadores cotizan el 10% de su salario, tomando como base el salario mínimo, dinero que pasa a las manos de empresas privadas que administran a su antojo los ahorros de años de trabajo.  Se dice que mensualmente las AFP recaudan alrededor de US$41.500 millones. Las AFP no solo administran el dinero de todos los trabajadores del país, sino que lo utilizan para invertir y obtener ganancias aún más millonarias.

En la actualidad, el 90 por ciento  de los pensionados con pensión programada recibe pensiones inferiores a $144.000, mientras que el promedio de las ganancias diarias de las AFP es de $1 millón. Ese monto disminuye  cuando se trata de las mujeres trabajadoras, ya que un 93 por ciento de ellas recibe menos de $147 mil, en circunstancias de que el 87 por ciento de los hombres gana dicho monto.

Enfrentamos un profundo cuestionamiento hacia las instituciones del régimen político y la clase empresarial. Al mismo tiempo que los medios de comunicación nos informan cómo políticos de derecha y empresarios son acusados de fraude, corrupción y robos. La izquierda tampoco se libra del cuestionamiento de la población.

La diferencia entre las pensiones de los civiles y de los uniformados es enorme: 37 por ciento del último ingreso del trabajador y ciento por ciento para los miembros de las Fuerzas Armadas.

Chile es el único país que niega al trabajador el derecho de optar a ahorrar entre una empresa del Estado o una empresa privada, y las pérdidas que han experimentado las AFP son asumidas por el cotizante.

Las sucesivas modificaciones introducidas al decreto ley 3.500 han empeorado aún más el sistema.  Estas modificaciones se han promulgado durante los gobiernos de la Concertación y su propósito no ha sido otro que traspasar los riesgos del sistema a los usuarios de las AFP.

Cabe señalar que como consecuencia de dichas modificaciones, el sistema original de pensiones fue poco a poco deteriorándose, lo que implicó, en definitiva, el traspaso del riesgo de pérdidas desde las AFP hacia los afiliados.

Lo más lamentable es que todas esas modificaciones fueron introducidas por los gobiernos de la Concertación, es decir, con el regreso de la democracia, los trabajadores fueron aún más perjudicados, precisamente por los gobiernos en los cuales cifraban todas sus esperanzas de justicia y reparación.

Nuestro planteamiento, compartido por todos quienes se oponen al actual sistema, radica en el hecho de que quienes cotizan en las AFP, es decir, todos los trabajadores del país, NO cuentan con ningún resguardo que proteja un bien tan preciado como sus fondos previsionales.

Faltando poco para el término del actual gobierno, el movimiento NO+AFP ha organizado las marchas más multitudinarias de que se tenga memoria.  Sin embargo, tales demostraciones de la ciudadanía no parecen hacer mella en las autoridades, y no existe ninguna posibilidad ni intención de que se derogue el sistema o que se le introduzcan modificaciones que permitan a los trabajadores, luego de una vida de esfuerzo y dedicación, al llegar a lo que eufemísticamente se denomina como “años dorados”, obtener pensiones que les permitan vivir con dignidad.

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