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Día Internacional de los Niños Víctimas Inocentes de Agresión

El pasado 4 de junio se celebró en todo el mundo el Día Internacional de los niños víctimas inocentes de agresión, instituido por la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), para que los ciudadanos de todo el mundo no olviden el drama de los menores víctimas de guerras y conflictos armados.

Esta conmemoración transcurrió sin que, al parecer, nadie consideraraimportante mencionarla en Chile. Los niños muertos, mutilados, faltos de alimentos, huérfanos de guerra o de familias migrantes, todo ese dolor que se vive fuera de nuestras fronteras, no son visibilizados con frecuencia en nuestros sesgados medios de comunicación, altamente concentrados y con escaso pluralismo informativo. Los noticieros de la televisión abierta en particular, se ven más interesados en mostrarnotas de “consumo popular”, deportes, crónicas policiales, “picadas de comida rápida”, que enofrecer información relevante que diga relación con experiencias que conmueven a toda la humanidad.

Porque el dolor de los niños víctimas inocentes lamentablemente se ha multiplicado en el mundo durante el último tiempo. El conflicto en Siria, a esta altura transformado en un verdadero genocidio, arroja cifras cercanas a los 8 millones de niños que requieren urgente ayuda humanitaria, niños que continúan sobreviviendo bajo el fuego constante de bombas de distintos bandos. Diferentes países en conflicto como Irak, Afganistán, Yemen, Gaza, Cisjordania o Somalia constituyen también una pesadilla diaria, donde escuelas y hospitales son utilizados indiscriminadamente como blancos de ataques armados. ¿Y cuántos niños han muerto ahogados en los últimos tres años tras el hundimiento de precarias balsas, repletas de inmigrantes tratando de alcanzar las costas europeas?

Alguien podría decir para eximir esta falta de cobertura informativa, es una lástima, pero son hechos tan lejanos a nuestra realidad. Las causas pueden ser diferentes, pero el sufrimiento de niños víctimas inocentes es también una realidad hoy en nuestro país, que debería avergonzarnos como sociedad y tenerla muy presente en la agenda pública.

Una Comisión especial investigadora del funcionamiento del Sename de la Cámara de Diputados, había denunciado anteriormente la muerte de un número indeterminado de niñosbajo protección del Estado (en todo caso más de quinientos) durante los últimos 11 años, cifra que ningún organismo oficial ha podido precisar.Esta semana se entregó a la opinión pública un nuevo informe de esta Comisión, que pone de relieve graves fallas de funcionamiento dentro del sistema, las que vulneran derechos esenciales de niños y niñas que, por distintas circunstancias, caen bajo la custodia de organismos colaboradores financiados por el Estado. Lo doloroso es que esta situación se prolonga por muchos años, con el impacto en la formación de jóvenes que en algún momento deberán integrarse a la sociedad, muchas veces sin competencias sociales ni laborales, lo que explica el hecho brutal de que uno de cada dos reos de la población penal adulta del país, haya pasado por un centro de menores durante su infancia o adolescencia. Esta información  proviene de un estudio realizado por la Fundación San Carlos de Maipo, institución dedicada a combatir la pobreza y la delincuencia desde sus orígenes.

Pero el maltrato infantil no está reducido sólo a los centros de “protección” de la infancia. El abuso y la violencia contra menores vulnerables se encuentran en las poblaciones, en las calles, en la movilización colectiva, siendo muchas veces nosotros mismos testigos de ello. Datos del Ministerio de Salud entregan la aterradora cifra de un abuso sexual infantil cada media hora; más del 70% de las denuncias por delitos sexuales corresponde a niñas, niños y adolescentes menores de edad. El mismo porcentaje de víctimas de violación afecta exclusivamente a impúberes y adolescentes de menos de 15 años.El 12% de partos conciernen a madres adolescentes menores de edad.

 Según la Unesco, se entiende por violencia infantil “toda forma de perjuicio o abuso físico, mental o emocional, descuido o trato negligente, malos tratos o explotación, incluido el abuso sexual”. Sin embargo, las amenazas, humillaciones, secuestro, negligencia, insultos, abandono afectivo, privar de educación o no garantizar la salud del menor, también constituyen formas de agresión.

Deberíamos tomar conciencia que los casos de maltrato infantil que esporádicamente aparecen en los medios de comunicación, más en cuanto hechos policiales que como propiciadores de reflexión ético-sociológica, son una mínima muestra de una realidad ampliamente extendida, que cruza transversalmente nuestra sociedad. Pero que este flagelo ataca mucho más gravemente a familias vulnerables, constituyendo una señal más de desigualdad y discriminación.

Gonzalo Herrera G.

 

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