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ACCIÓN DE CONVERGENCIA CÍVICA (ACC) ANTE EL BALOTAJE DEL 17 DE DICIEMBRE

 

“Somos un grupo de profesionales, técnicos y académicos, con diversas miradas políticas e ideológicas, a los que nos une el pleno respeto por los Derechos Humanos y el sueño de un país más justo y equitativo, con una democracia moderna, con una economía al servicio del país y no de los sectores privilegiados”.

Así nos define nuestra Declaración de Principios, enfatizando la pluralidad de nuestra organización y el compromiso que nos une, más allá de la legítima definición política de cada uno, de elevar la discusión ideológica y de educar para una nueva cultura en nuestra democracia, en que los conceptos de derechos, deberes y transparencia inspiren, en todos los actores políticos, un sistema de valores basados en la Ética.

Así, a lo largo de más de un año de existencia, hemos cultivado celosamente la pluralidad de pensamiento y expresión de nuestros miembros, sin obligarnos como organización a tomar partido en el devenir político contingente.  Evidentemente, no siempre estamos de acuerdo, pero siempre queda una síntesis que nos induce a ser más tolerantes y, a la vez, más exigentes respecto a nuestros deberes ciudadanos.

Dentro de esta lógica, hemos evaluado si sería indicado y propio de nuestra organización hacer pública una definición en el actual proceso electoral, llegando a la conclusión que sí era necesario consensuar esta vez una posición fundamentada en nuestros ideales respecto a una democracia más amplia y participativa que la actual; a una distribución del ingreso más justa, donde el Estado, y no el mercado, cumpla el rol principal en la repartición del ingreso; a un nuevo paradigma de crecimiento económico basado en las ciencias y las tecnologías limpias, y no exclusivamente en el arcaico modelo exportador de materias primas.

La toma de posición como organización de ACC la hacemos convencidos que no estamos enfrentados a “una elección más”, sino que el resultado del balotaje del próximo 17 de diciembre tendrá trascendentales consecuencias en lo que respecta al desarrollo armónico del país y al fortalecimiento de nuestra democracia en los próximos decenios.

Las actuales candidaturas, la de Sebastián Piñera y la del senador Alejandro Guillier, no sólo sitúan al país en la disyuntiva entre dos proyectos políticos contrapuestos, sino también en el dilema ético entre crecimiento económico y mayor igualdad social. En efecto, el programa con que se presentó el representante de la derecha a la primera vuelta del pasado 19 de noviembre, reafirma la visión neoliberal de ese sector y la voluntad a todo trance de “hacer crecer la economía”. El programa de la centroizquierda por su lado, promete profundizar las trasformaciones impulsadas por el actual gobierno, que obedecían a las demandas sociales nacidas del movimiento ciudadano de 2011, y que los procesos de decisión en su eventual gobierno serán más participativos y democráticos.

El centro del programa de gobierno de Piñera es entonces la economía, más que las políticas sociales orientadas a apoyar a los sectores económicamente más desfavorecidos. La mitad del financiamiento surge de reasignaciones de presupuesto “provenientes de programas mal evaluados, así como de estrictas medidas de austeridad fiscal”, lo que ha sido interpretado por los trabajadores fiscales como una clara amenaza a su estabilidad laboral. La anunciada medida de “reducción de gastos innecesarios en el sector público”, sin dar más detalles, hace temer por la suerte de programas dirigidos a los grupos más vulnerables del país, como vivienda y protección social, o lo que pudiera ser una drástica reducción de los recursos destinados a resguardar el medioambiente, disminuyendo la fiscalización a empresas mineras, forestales, pesqueras, etc.

Los resultados de la primera vuelta electoral provocaron en las dos candidaturas que finalmente disputarán el sillón presidencial, la necesidad de readecuar sus programas originales, apareciendo cambios inauditos en las promesas de Sebastián Piñera, como son el aumento de la gratuidad universitaria, o la modificación o reemplazo de la cuestionada Ley de Pesca (liderada por el exministro Pablo Longueira y promulgada durante el mismo gobierno de derecha). Lo extraño es que ambas medidas fueron siempre rechazadas por Piñera. Guillier, por su parte, se ha mostrado más abierto a la exigencia del Frente Amplio respecto al CAE que a comprometerse a una drástica modificación del sistema de AFP.

Como es obvio, estos cambios repentinos no son ajenos a la necesidad de establecer nuevas alianzas para alcanzar los votos necesarios. El factor Ossandón, y su 26% obtenido en las primarias de Chile Vamos, sin duda repercutió públicamente en la seña al centro de Piñera. En el otro lado, Guillier no ha podido desplazarse cómodamente hacia el electorado del Frente Amplio (FA) sin poner en riesgo su votación de centro en la primera vuelta.

En secreto permanece lo que pudiera haber demandado por su apoyo el candidato de la derecha dura, el UDI José Antonio Kast, inalterable partidario de la dictadura de Pinochet, que compitió en la primera vuelta proclamando su intención de derogar la ley de despenalización del aborto, su negación a los derechos sexuales y reproductivos de las personas, su apertura a las reivindicaciones de militares en retiro, muchos de ellos involucrados en crímenes contra la humanidad, su visión de que “a los chilenos les hace falta Dios, y el Estado debe promover la religión en todos los establecimientos públicos“. Una respuesta certera a las pretensiones religioso-doctrinarias de Kast sería lo expresado por Neil deGrasse Tyson, astrofísico discípulo de Carl Sagan, que en una charla en 2008, alarmado por el intervencionismo de las distintas creencias en la educación, expresó: “No tengo ningún problema con lo que haces en tu iglesia, pero te confrontaré si apareces en mi sala de clases y me dices que quieres enseñar ahí lo que enseñas en tu iglesia”.

Por el lado de Guillier, el apoyo del FA ha sido más difícil de lograr. A pesar de reconocer su preferencia por el senador ante el candidato de la derecha y la línea correcta de sus promesas electorales, el conglomerado de izquierda se ha negado a hacer un llamado explícito por Guillier, aduciendo “insuficiencia” en ciertas medidas consideradas como fundamentales. Entre estas está sin duda el término del sistema de ahorro individual como instrumento principal de la Seguridad Social del país. El carácter icónico del sistema previsional privado para el mundo empresarial pone la pista muy difícil para Guillier en términos de ceder a las exigencias del FA de eliminar las AFP, proponiendo en su lugar un “sistema público de seguridad social” de carácter solidario, que compita con el actualmente existente, y donde los trabajadores puedan optar.

En materia constitucional ha primado la ambigüedad y falta de convicción en ambas candidaturas. A lo más Piñera ha hablado de “perfeccionar” la carta fundamental. Guillier hizo un gesto al FA en esta materia, incorporando a su comando al abogado constitucionalista Fernando Atria, por largo tiempo defensor de una asamblea constituyente. Se ha dicho que la candidatura de Fuerza de la Mayoría estaría dispuesta a establecer modificaciones constitucionales para poder llamar a un plebiscito, de manera que sea el pueblo quien tenga la última palabra.

Parte importante de lo que ambos candidatos han dicho al calor del debate previo al balotaje del 17 de diciembre no ha sido convenientemente formalizado en documentos que acrediten un compromiso genuino, que pudiera luego ser exigido por la ciudadanía.

Como corolario podríamos señalar que la visión de gobierno que ofrece el candidato Piñera está plenamente comprometida con el crecimiento económico del país, sin que se encuentren medidas concretas que aborden el  problema de la concentración de la riqueza y de la desigualdad social en Chile. El fetichismo del PIB no toma en consideración factores esenciales para la dignidad de la persona como son el mejoramiento de su calidad de vida, mayor libertad y autoestima, bienestar social entendido como la satisfacción de derechos tales como salud, vivienda, educación, medioambiente sano y salario justo.

En virtud de los aspectos esenciales reseñados en este breve análisis, a la mayor proximidad de las propuestas de la candidatura de centroizquierda con nuestros postulados de democracia amplia y participativa, con nuestra visión de sociedad pluralista y convergente hacia la igualdad de derechos, muy particularmente los que identificamos como derechos humanos —civiles, políticos, sociales—, con nuestra defensa de las libertades que se desprenden de las diversas identidades sexuales, con nuestra defensa de la libertad religiosa para creyentes y libertad de conciencia para quienes no lo son, con nuestra defensa del medioambiente y de la explotación racional de los recursos naturales:

Llamamos a todas las personas que se sienten convocadas por nuestra organización, que han participado en alguna circunstancia en nuestros debates o leen nuestra página web, a votar en el balotaje del próximo 17 de diciembre por el candidato Alejandro Guillier Álvarez.

POR LA ACCIÓN DE CONVERGENCIA CÍVICA

Dr. Hernán Lillo Nilo                         Daniel Lillo Cuadra

Director General – Fundador                 Director Ejecutivo

Osvaldo Lillo León                            Alejandro Vásquez Tovar

Secretario                                         Director de Finanzas

Eduardo Reyes Frías                         Gonzalo Herrera Guerrero

Director de Comunicaciones                 Director de Estudios

Diciembre de 2017

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