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Guerra de la jibia se combate en terreno político

Guerra de la jibia se combate en terreno político

Por Eduardo Reyes Frías.

La primera batalla se registró en mar abierto en 2006, cuando una violenta invasión de jibias atacó los cardúmenes de merluza y destruyó artes de pesca en la costa de Chile. El gobierno debió entregar subsidios de cesantía a las caletas afectadas por el gran calamar, cuya voracidad incluye canibalismo.

Se trata de un molusco con 10 tentáculos combativos que nada mediante un sistema de aspiración y expulsión del agua, estilo jet, desde la superficie del mar hasta 400 metros de profundidad. La especie Dossidicus gigas tiene amplia distribución oceánica, desde California a Chile, y a pesar de su agresividad sustenta una provechosa pesquería en México y Perú.

En nuestro país, la jibia se ocupaba para elaborar harina de pescado hasta que en 2012 el gobierno reconoció el valor nutritivo del molusco y decretó su destino para consumo humano. Desde entonces la autoridad pesquera, adscrita al Ministerio de Economía, admite la captura de 200 mil toneladas anuales, fraccionada en 80 % artesanal y 20 % industrial. El consumo nacional es mínimo, en tanto la exportación  de filetes de jibia marcó en 2014 un record de 102.000 toneladas con 115 millones de dólares, valor que aumentó a 143 millones en 2017 y 190 millones en 2018.

En atención al colapso del jurel y la merluza ¿hasta qué nivel es sustentable la explotación de la jibia como recurso de interés económico y social? El problema se traspasó al debate político del Congreso que en noviembre de 2018 determinó que la captura de jibia se realice sólo con lienza y anzuelo, prohibiendo para tal efecto las redes industriales. En tales condiciones el producto tiene mejor calidad, pero disminuye la intervención y el beneficio de la industria, cuya mayor ganancia está en la exportación de jibias que extraen sus propios buques. Por consiguiente, la garantía de la captura artesanal abrió un nuevo frente de combate, con protestas públicas a favor y en contra de la norma, incluyendo barricadas que afectaron a miles de personas ajenas al tema de la jibia.

Aparte del debate político, los científicos verificaron que esta especie de calamar realiza migraciones periódicas entre la franja costera y la alta mar, donde se cumplen las funciones de alimentación y reproducción. En tal sentido, el Dr. Angel Urzúa, miembro del Centro de Biodiversidad Ambiental, informa que la jibia presenta sexos separados que se aparean fueran de la Zona Económica de 200 millas que corresponde a Chile. Añade que la hembra puede generar millones de huevos durante los dos años de su máxima existencia que culmina entre octubre y enero, con menor abundancia en invierno. En todo caso, la llegada multitudinaria de calamares  y su desaparición del combate pesquero son fenómenos todavía impredecibles.

 

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