Sin categoría

VALPARAÍSO NUEVA Y CRUELMENTE VÍCTIMA DEL FUEGO

VALPARAÍSO NUEVA Y CRUELMENTE VÍCTIMA DEL FUEGO

Las mismas víctimas de siempre.                                                                                                                        

Seguimos con el Chile reactivo. Después del desastre somos tremendamente eficaces para evaluar las causas, las víctimas, los daños y las consecuencias. Pero nos negamos a prevenir las catástrofes. Así sucedió también la noche de Navidad en Valparaíso. ¿Podían ignorar las autoridades que en cualquier momento podían desatarse incendios como los del año 2012, el gigantesco del 2014, o el del 2017, sólo por  mencionar los de los últimos años?

Eso fue lo que ocurrió también el 18 de octubre. Los ciudadanos mayores lo veníamos advirtiendo hace ya dos o tres años. ¿Quién nos escuchó?  Los gobernantes y políticos con algún grado de responsabilidad fueron y continúan siendo  “testigos de primera línea”.

Hoy los medios de comunicación —entre ellos la decadente televisión—  llenan sus espacios no publicitarios con testimonios dramáticos e impactantes imágenes, más de 200 casas destruidas, un número enorme de hectáreas con plantaciones de eucaliptos arrasadas, la acción incansable de bomberos, compañías de varias comunas, carros, camiones aljibes.                                                                                                                   Vendrán demandas, investigaciones, querellas. Presencia de autoridades.  Decenas de voluntarios, agotados, ayudando a combatir el fuego (hasta con abolladas bacinicas),  y luego su rebrote. Se ha publicitado  que miembros de las Fuerzas Armadas colaborarán espontánea y solidariamente, lo que la comunidad debe agradecer.

Si el Estado no puede solucionar el problema habitacional, o impedir las tomas de terrenos  y el surgimiento de campamentos en lugares altamente riesgosos, debe buscar la colaboración de los que saben: urbanistas, arquitectos, ingenieros, técnicos. Los problemas de Valparaíso son múltiples y heterogéneos, ya no deben confiarse a burócratas ni tecnócratas.  Se supone que ellos habían resuelto todo en 2014, ejes viales amplios desde el plan hasta el camino La Pólvora, una red de grifos en el sector alto, la construcción de estanques de almacenamiento de aguas en las quebradas, la limpieza de estas para transformarlas en parques, pavimentación de calles, construcción de escalas y muros de contención, en fin todo aquello para que los barrios de los pobres fueran  más seguros, más habitables, más protegidos.

¿Y qué ocurrió entonces? Que ni siquiera el gobierno de turno se lo creyó y las obras fueron olvidadas al año del magno incendio.

Exigimos, si no soluciones definitivas, un plan que impida al menos que se repita la situación de cientos de casas arrasadas por las llamas. Mejorar y mantener las vías de acceso tapando los hoyos frente a cada casa, aislar las viviendas de su entorno de pastizales y matorrales,  proteger los grifos confiándolos a grupos responsables de vecinos. Mantener los estanques de agua alimentados por agua de lluvia, canales o vertientes, con extracción controlada y vigilada. 

La Municipalidad debe motivar a las Juntas de Vecinos y entidades sociales para reunir fondos que permita a cada vecino contar con una manguera de a lo menos 20 metros de largo en los sectores más expuestos. Fuimos una república solidaria, debemos serlo otra vez.

Comparativamente estas poblaciones deberían tener más grifos por su lejanía y dificultades de acceso. Cuánto bien haría la solidaridad empresarial, como en la Teletón, especialmente ahora que con una nueva Constitución, el país podría recuperar el agua.

Existen reales posibilidades de prevención, con pronósticos certeros, basados en la tecnología tanto como en la experiencia del  personal especializado en situaciones climáticas de la macrozona comprendida entre las regiones de Coquimbo y Ñuble. Incluso el conocimiento popular sobre los tres parámetros en 30: humedad ambiental, velocidad del viento y temperatura, es útil a la hora de establecer condiciones de alerta.  Ello permitirá aplicar la vigilancia aérea y terrestre con mayor frecuencia y más personal

Finalmente, en California aprendimos que el volumen mínimo de agua efectivo contra incendios de bosques es de 3.500 litros por pasada, la cual debe ir mezclada con sales de amonio para penetrar la corteza de los árboles.

Y claro, no nos cansaremos de insistir que Conaf debe ser una institución 100% estatal y no de derecho privado.

Fernando y Hernán Lillo.

Diciembre 2019

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .