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LOS “FANTASMAS” DEL DR. HUMBERTO MATURANA

por Juan G. Reyes, Ph.D.

Miembro de ACC y FC

El Dr. Humberto Maturana

Difícil no sentir admiración por ese personaje de anteojos, pelo rizado y medio “a lo Beatle” (¡o los Beatles lo usaban a lo Maturana!), de barba progresivamente blanca con sus bufandas interminables y su paso calmado y firme por los pasillos de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, o sentado en los bancos de tronco.  Casi siempre acompañado de un estudiante o profesor y enfrascado en sus argumentos sobre la neurociencia del conocimiento u otro tema así de cototo.

Ya leer su libro, escrito junto a Francisco Varela, “De Máquinas y Seres vivos”, había sido una apertura al mundo de las preguntas fundamentales de la biología. Pero sin duda,  fue una gran experiencia estar en sus seminarios-talleres en el programa de Doctorado en Fisiología, en época de dictadura (que dejó de funcionar cuando muchos de sus profesores decidieron que,  por sus ideas políticas,  era más seguro buscar otros rumbos en el extranjero). Pero ahí estábamos, sentados en un círculo en la sala de seminarios de la Facultad de Ciencias de la U. de Chile, con este profesor, precedido ya por su reputación, quien nos hace leer un capítulo de un libro de ficción y guerra fría, para hacernos reflexionar sobre lo engañosos que son los sistemas sensoriales en general, y los de los seres vivos también, sin duda. Y luego nos proyecta una cruz negra o algo así, sobre una pantalla blanca y el resto de la sala en la penumbra. Y al cortar la proyección, ¡Ahí estaba! ¡Una cruz verde o roja, no recuerdo, sobre la pantalla que sabíamos no tenía imagen alguna, además habían aparecido colores donde no los había! . Y no solo eso, ¡sino que la cruz también se veía sobre las paredes de la sala!. Eso duró unos segundos, pero son esos segundos casi de revelación en que mi pensamiento saltó a la convicción que ¡yo estaba viendo un fenómeno fantasmal! . Veía algo donde externamente no estaba la imagen de eso que yo veía. ¡Es toda una “revelación” darse cuenta que los “fantasmas” existen!, al menos para las personas que los “ven”.  Y aclaro, ¡el Dr. Maturana nunca nos dijo que estábamos viendo fantasmas!  Y si duda había una buena razón para ello, porque los 6-8 alumnos presentes en esa ocasión, estábamos viendo lo mismo, y podíamos llegar a un consenso de que lo que veíamos era una “ilusión óptica”.

 Parece entonces que la diferencia entre una “ilusión óptica” y una “experiencia fantasmal” es que las primeras pueden repetirse y los individuos que las experimentan llegan al consenso de que nuestro sentido de la visión ha sido “engañado” por algunos estímulos. Y qué mejor ejemplo de experiencias en que los estímulos externos son inexistentes, son los sueños. Los sueños son tan vívidos y tan reales que a veces cuesta despertar a la “realidad”. Nada extraño para el Dr. Maturana, ya que nuestro organismo, principalmente el sistema nervioso (SN) cambia de estados durante un sueño, además, creo que todos hemos experimentado contracciones musculares, aceleración de latidos cardiacos durante el sueño. Y esos procesos son cambios en el estado de las interacciones entre tooodos (enfatizado!) los componentes de nuestro cuerpo y que determinan estados del SN, que interpretamos como vivencias. A veces muy locas, otras lógicas, ¡pero todas extremadamente creativas!

Y la lección que nos había dado el Dr. Maturana en ese seminario-taller era mucho más profunda. El sistema nervioso (con los sentidos incluidos) tiene sus estados internos que nos pueden hacer oír, ver, palpar, percibir sabores y aromas,  sin que necesariamente esos estímulos estén presentes o provengan del mundo externo. O, como bien lo saben los que ejercitan sus sentidos, un estímulo sensorial, por ejemplo, de aroma, puede modificar cómo la persona percibe otros estímulos, como el sabor. Y para qué decir de cambios en los estados del organismo como un todo: el amor o el miedo, sin duda, pueden modificar nuestra entera percepción del resto de los estímulos del medio. 

Todo lo anterior, recordando con admiración y mucho respeto al Dr. Maturana. Pero, sus lecciones en el ámbito de los estados del sistema nervioso y sus asociados,  pueden proyectarse a nuestros días. ¿Puede nuestra percepción de la realidad ser manipulada por el amor? Ciertamente que sí. Bueno, está el dicho que el amor es ciego. ¡Y también está el dicho que el matrimonio le devuelve la vista! . Y las personas bajo el influjo de Cupido, perciben muchas cosas en forma diferente, poniéndonos vulnerables ya si el otro u otra que induce el estado de amor quiere hacernos daño, no lo vamos a percibir con la misma sensibilidad que lo haríamos en ausencia del estado enamorado.

Y si estamos en un estado de miedo, o de odio, o de rabia, o deprimidos, igual cosa. Esos estados nos pueden inducir a percibir los fenómenos o acciones de otros en forma muy distinta según nuestro estado “emocional”. Entendiendo por tal un estado que no solo involucra al sistema nervioso, sino a todas las células de nuestro organismo

Así es como podemos ser inducidos a ciertos estados por nuestro entorno.   Nuestro sistema sensorial y lingüístico integrado al SN no distingue si los estímulos son unos electrones que producen luces y sombras o colores en una pantalla, o si son gestos o palabras de una persona físicamente a nuestro lado.

Los “fantasmas” del Dr. Humberto Maturana no existieron, ni siquiera en sus objetivos de enseñanza, pero sus lecciones quedaron grabadas en nuestro organismo determinando como interpretamos nuestro paso por la senda autopoiética, aunque a veces no las percibimos conscientemente.

Mi respeto a uno de nuestros grandes pensadores recientemente fallecido, y cuyos escritos y entrevistas nos dejan grandes lecciones en Educación y acerca del convivir en una sociedad y en una Convivencia Democrática, que bien puede ser la base sobre la que se estructure un Nuevo Chile.

La Convivencia Democrática, para pensar en algo inmediato, es necesaria en la interacción entre los integrantes de la Convención Constitucional cuyos miembros han sido recién elegidos. Y bien podría su Reglamento ser pensado sobre esos pilares, que el Dr. Maturana enfatizaba tanto: el Respeto Mutuo, la Ética, la Equidad, la Colaboración y la Reflexión. Una Constitución gestada con esos principios y ojalá fundada sobre ellos (y en el respeto por el Medio Ambiente),  serían el mejor homenaje al claramente admirado por muchos: el destacado profesor Humberto Maturana.

(*Mis agradecimientos a Gloria Contreras y Cecilia Burgos por importantes sugerencias de redacción)

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