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Un Nuevo Chile

Nuestra sociedad ha venido construyendo en los últimos 15 años, una nueva visión del país que queremos. Las manifestaciones a través del clamor y protesta popular, que incluye denuncias de grandes injusticias sociales; los sostenidos atropellos a derechos humanos y sociales; conducciones del estado en función de la protección del mercado y lejos de sus ciudadanos; deterioro y cada vez más presentes signos de corrupción de sus instituciones y de la clase política; inseguridad creciente de amplios sectores de la sociedad, precarizando a niveles insostenibles la calidad de vida;  el menoscabo y falta de reconocimiento de los pueblos originarios; los atropellos a los derechos de la mujer; falta de políticas en la recuperación y desarrollo de la infancia vulnerada; el menosprecio de los adultos mayores; el extractivismo indiscriminado que favorece a un pequeño y selecto grupo de privilegiados; el deterioro del medio ambiente; innumerables derechos sociales postergados y minimizados (la salud, la educación, la seguridad social, la vivienda, la cultura y otros que el desarrollo inclusivo debe incorporar), la creciente delincuencia y el narcotráfico. Todo lo anterior hace que la mayoría de la población pida un cambio profundo de las bases de la convivencia, del actual modelo socio-político-económico, implementado hace 40 años, que además acentuaron una maltratada sociedad de casi 200 años de historia republicana.

El 18 de octubre de 2019, el 25 de octubre de 2020, el 15 y 16 de mayo de 2021, serán fechas memorables de una participación ciudadana, que exige cambios sociales, políticos, económicos profundos, esto es, la eliminación del modelo neoliberal 

Los cambios sociales y las bases de la convivencia

Hay innumerables lecciones aprendidas de las comunidades, de la base de la sociedad, cuando estas se expresan masivamente, y las hay fundamentales, como las señaladas en los dos últimos años. Ha sido la fuerza de la convicción social que ha señalado la necesidad y la urgencia, de una nueva constitución, es decir, nuevas formas de convivencia, nuevas reglas fundamentales que permitan enfrentar, desde el orden institucional, los grandes problemas sociales ya descritos anteriormente.

Cuando el estallido social emerge desde las comunidades, comprometiendo a la sociedad en su conjunto, no constituye solo un movimiento político que quiere cambiar el gobierno, es mucho más que eso, es un movimiento que desea hacer transformaciones de las relaciones en que vive la sociedad con el sistema del estado, es decir se está en busca de nuevas formas de relacionarse, nuevas prácticas de la política y de los políticos, se requiere de un estado de protección social, alejado de la protección del mercado, al igual que una nueva forma del orden social y su justicia, por mencionar algunos cambios fundamentales.

Es en consecuencia que desde el punto de vista de las comunidades y de la sociedad, el interés está primero puesto en los principios de la convivencia social, esto es una nueva cultura desechando la actual, con la que se ha luchado por lo menos a través de 200 años de historia y que se acentúo en los últimos 40 años, en donde el modelo neoliberal ha sido más que un modelo económico. Ha sido además, un modelo que ha intervenido las relaciones de base de la política y de la sociedad.

La convivencia en el modelo neoliberal

El modelo neoliberal que se impuso durante la dictadura militar,  implemento un sistema de economía de mercado en manos de privados protegida por el estado, incluyendo al poder judicial, al poder legislativo y lo más importante, acentúo una cultura que permitía su aceptación y adherencia social, todo lo cual fue estructurado en la constitución del 80.

A manera de resumen, en diez definiciones básicas de los autores del neoliberalismo (Hayek, Friedman, Buchanan, entre otros) se da cuenta del modelo económico, político y lo que queda implícito, una cultura social que lo sustenta:

1.- Asegurar y garantizar el óptimo funcionamiento del mercado y un orden capitalista basado en la propiedad privada

2.- Asegurar la estabilidad económica, política y social.

3.- Bienes públicos limitados (escuelas, infraestructura pública de carácter social: caminos, servicios públicos) e inversión pública.

4.- Estándares sociales mínimos.

5.- Concentración del manejo económico por el gobierno, esto es, todas las iniciativas de gasto del Estado está en manos del gobierno, el poder legislativo no tiene esa facultad.

6.- El estado no debe ser capturado por intereses particulares o grupos de intereses especiales. Un estado que cae bajo los intereses de un grupo social en particular, es un estado débil. Esto es el estado debe temer a grupos sociales organizados, más que al sistema político que lo tiene bajo control.

7.- La tensión entre la toma de decisiones democráticas, prevalece la incuestionable supremacía de un estado garante de la libertad económica. La libertad económica es libertad individual (aunque deba considerarse que la mayoría de las decisiones pueden imponer restricciones a la libertad individual)

8.- La dictadura de la mayoría potencialmente amenaza la libertad económica, por lo tanto el objetivo es: impedir que la masa democrática interfiera la libertad de mercado, esto es a través de impedir el alcance que pueda tener la democracia.

9. Aislar las instituciones del mercado, con las toma de decisiones democráticas

10.- La democracia debiera estar limitada a pequeñas áreas y no debería afectar cuestiones de la economía y la libertad individual.

Todo lo anterior está muy bien sustentado en la actual constitución, constituyendo lo central del modelo. A esto debe agregarse, una serie de elementos institucionales que la han protegido de cambios. Al respecto es importante señalar la institucionalidad compuesta por el Consejo de Seguridad Nacional, los Senadores Designados, el Sistema Binominal, los Quórums Calificados para cambios constitucionales y leyes orgánicas constitucionales, el Tribunal Constitucional y un precario ejercicio democrático del sistema legislativo, que además se ha constituido en una clase, que hoy día se ha alejado de los ciudadanos que los eligieron.

A pesar de cambios fundamentales de los últimos 16 años, que han logrado derribar parte de estas barreras, aún queda mucha institucionalidad que protege al modelo. Pero es posible que lo que más sustenta al modelo y que no está explícitamente en la constitución del 80, son los valores/principios de convivencia que han generado: Esto ha permeado al nivel institucional, en gran medida a la justicia, a  la política y que están muy naturalizados por toda la sociedad (debe tenerse presente que estos principios en ya eran parte de la cultura de nuestra sociedad producto de 200 años de historia de privilegios de algunos e injusticias para la mayoría de la sociedad).

Respecto de esto último, debe recordarse que uno de los temores de los neoliberales, es la democracia, dado que se plantea como contrario a la libertad económica y de las instituciones que permiten el desarrollo del mercado. Se evita que todo lo que se sustente como democrático en la convivencia social, esté lejos del ejercicio del poder estatal y del mercado.

Por lo tanto, toda organización social importante debe ser disminuida, intervenida en sus objetivos, no valorada, o alternativamente, hacerla participe del sistema o en lo posible corromperla (agrupaciones políticas, laborales, juntas de vecinos, agrupaciones culturales, y en especial ONGs, etc.), de esta manera, se inhibe su injerencia, la participación, la cooperación, la reflexión social. Hay una práctica muy acentuada en entregar recursos a instituciones de la sociedad civil con objetivos muy acotados y resultados poco conocidos, casi sin control y cercanos políticamente al sistema (juntas de vecinos, clubes deportivos, y las más relevantes ONGs vinculadas a empresas que movilizan grandes recursos provenientes de beneficios tributarios).

De la misma forma se procura que este orden social, respecto de las expresiones culturales que nacen de la convivencia de las comunidades, desprecien su valor, no se les de espacio y menos que tengan posibilidad de masificarse. En contraposición se estimula las iniciativas elitistas, que generan mínima participación y máxima expectación, la competitividad que normaliza la descalificación, la segregación. El ejemplo más reiterado es el uso de los medios de comunicación, televisión, prensa, y hoy día el uso de las redes sociales, que en una proporción muy importante, usando la cultura imperante, se ha sumado muy efectivamente a la cultura neoliberal.   

Cultura, Principios y Democracia

Cultura se refiere al conjunto de saberes (hábitos, costumbres, lenguaje, percepción del ambiente) y emociones de un grupo social, transmitido de generación en generación a fin de orientar las conductas y prácticas individuales y colectivas, con que se relacionan. La cultura encarna una visión del mundo como respuesta a la realidad que vive el grupo social. No existe, por lo tanto, ningún grupo social carente de cultura o “inculto”. Lo que sí existe son diferentes culturas o diferentes grupos culturales, dado por sus saberes y la expresión de sus emociones, la que construye los valores individuales o principios sociales.

Cualquier individuo que nace, se incorpora a una comunidad y el nicho que lo acoge le posibilita expresar las primeras emociones y vivirlas en ese ámbito. Para Humberto Maturana la más importante emoción de los humanos es el amor (Biología del amor), que comienza a vivirla desde el primer día que nace y que se traduce en varias conductas o valores, entre los que distinguimos: la legitimidad del otro como otro (el respeto), el querer el bienestar del otro y no su perjuicio (la ética), la transparencia en el actuar (la honestidad), el que todo individuo tenga lo que merece (la equidad), la colaboración entre los individuos (la cooperación), y la capacidad de reflexión. A este conjunto de valores que se viven (esto más que enseñar o aprender) en una comunidad, Maturana la denomina convivencia democrática, convivencia que a través de la Reflexión permite crecer en la comprensión de otros principios como la solidaridad, la justicia, la confianza, la responsabilidad, la inclusión, el ser depositario de derechos (fundamentales, humanos, sociales), la dignidad. Es en consecuencia que una sociedad que vive estos valores, es una sociedad Democrática y genera las formas democráticas de relación social así como una determinada forma de manejar sus saberes (hábitos, costumbres, lenguaje, entorno, medio ambiente).

Hoy actualmente en este modelo de sociedad, no se vive con estos valores de convivencia democrática. Los niños tempranamente viven en la competencia, el individualismo, la segregación, la exclusión, la injusticia, valores que se acentúan en la convivencia de los adultos en donde se normaliza la ilegitimidad del otro (se es irrespetuoso), no importa el menoscabo de otro (se es antiético), se promueve la falta de transparencia (se es deshonesto), se desconoce la aceptación de derechos de la sociedad (humanos, sociales), en definitiva no se entiende de la dignidad de todos los individuos de la sociedad. Es en consecuencia que el modelo neoliberal, no promueve una convivencia democrática, sino que genera una cultura antidemocrática.

A esta altura, un ejercicio o reflexión necesaria, es hacer el test a las políticas sociales actuales, a las instituciones del estado y sus autoridades, a las de conducción política, a las de justicia y constatar cuanto cumplen con los estándares de valores que hemos señalado. La educación, la salud, la vivienda, la previsión, el orden público y otras, cuántas de ellas respetan a sus ciudadanos, son equitativas, son honestas, son éticas, son solidarias, son justas, son dignas. El resultado, el neoliberalismo no cumple, es al revés, esta contra estos principios. 

Pero posiblemente la reflexión más relevante, es la que tenemos que hacer con nosotros mismos, con los dirigentes políticos que hemos escogidos, con los líderes sociales o de ciudadanos, cuantos tienen conciencia de la cultura en que nos hemos desarrollado. Por ejemplo cuan respetuosos, éticos, honestos, solidarios, equitativos, reflexivos, justos, inclusivos, son nuestros políticos, lideres o incluso nosotros mismos. Esto último tiene que ser reconocido, por lo menos en nuestras conductas personales y sociales.  

MANUEL ESPINOZA

JUNIO 2021   

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