Quiénes somos

Quiénes somos, qué nos motiva

Escribe Gonzalo Herrera G.

Gonzalo Herrera G.
Gonzalo Herrera G.

Abrimos este sitio web con una convicción y una esperanza. Ante los signos de debilitamiento percibidos en nuestra democracia representativa en los últimos años, oponemos el convencimiento de que esta democracia será capaz de revertir el distanciamiento progresivo entre el electorado y el conjunto de partidos del sistema político nacional, como sabemos, severamente cuestionado en su legitimidad.Y sustentamos la confianza en que los nuevos actores, mayoritariamente jóvenes, que desde diversos sectores del espectro ideológico se incorporan al debate y a la acción política, serán portadores de refrescantes aires de renovación en nuestra convivencia cívica.

Nadie debiera ignorar la importancia que tienen los partidos políticos en una democracia representativa. La gobernabilidad democrática se sustenta en la voluntad popular, la que debe ser sistematizada y canalizada por los partidos, promoviendo la participación ciudadana en la elección y fiscalización de las autoridades, y en la confección de leyes conforme al bien común. Por el contrario, el debilitamiento del sistema de partidos es propicio para el surgimiento de caudillismos y de populismos, como lamentablemente vemos en la actualidad, incluso en consolidadas democracias como las de EE .UU. y países europeos.

La crisis de representatividad que afecta en Chile a los partidos políticos tradicionales, casi sin excepción, ha motivado la emergencia de diversos movimientos que hoy canalizan de manera más propia las inquietudes de una ciudadanía que se expresa a favor de una sociedad distinta de la actual, más solidaria en primer lugar. El movimiento estudiantil, que en la última década logró imponer una nueva agenda en la política nacional, exigiendo transformaciones al mercantilizado sistema educativo, pero denunciando también las insuficiencias de la democracia post dictadura para oír y satisfacer las demandas sociales; los movimientos de conservación y protección de la naturaleza, que se oponen a las gigantescas inversiones transnacionales para la explotación de recursos naturales de los países en desarrollo, con graves efectos en las comunidades y coadyuvantes del cambio climático; los movimientos de defensa de los derechos de la mujer, de la diversidad sexual y de identidad de género; el multitudinario movimiento a favor de una reforma estructural del actual sistema previsional, son todos ejemplos de una sociedad  que se activa para provocar cambios en la política, que hasta ahora se ha visto más propicia a cautelar los intereses privados de la élite económica que los valores colectivos.

Estos movimientos han tenido el mérito de introducir importantes variables a los conflictos de clases como se entendían en el siglo XX, demandas que afectaban a minorías y grupos sociales más allá de la dialéctica explotador-explotado, y que se mantuvieron ocultas por muchas décadas. La incorporación de estas variables de solidaridad tiene amplios alcances, porque favorecen de manera transversal las necesidades y demandas de toda la comunidad, reconociendo la existencia de minorías, visibilizando distintas identidades sociales y étnicas, y promoviendo los derechos de las personas afectadas por discriminación y exclusión.

Sin embargo, los movimientos, no importa cuán amplia sea su convocatoria, nunca podrán reemplazar el rol de los partidos políticos. Los movimientos emplean la lógica de la demanda callejera, de la convocatoria de masas, soslayando los canales institucionales de la república. Pueden llegar incluso a confundir a sectores que carecen de una adecuada educación cívica, ilusionándolos con soluciones demagógicas, sin mayor respeto por la epistemología de la política, promovidos por individuos carismáticos y populistas que pretenderán rehuir el a veces áspero camino de la institucionalidad democrática.

Por esa razón vemos con esperanzas la constitución de nuevos partidos en el abanico del sistema partidista de nuestro país. Cabe advertir, sin embargo, que estas instancias muestran a veces más pragmatismo que ideas para proyectos de largo plazo. Hoy el valor que se busca en los liderazgos se identifica más con la probidad —cualidad que la ciudadanía no identifica con los políticos actuales— que con la condición de estadista. La dictadura logró inocular en la gente un no merecido desprecio por las ideologías, a las cuales estigmatizó como “ideas perversas ajenas a nuestra realidad”, siendo sin embargo profundamente ideologizada su decisión de imponer por la fuerza, y sin considerar la opinión de la ciudadanía, una nueva matriz económico-financiera que ha intentado hasta ahora imponer culturalmente la idea de que el mercado es el mejor asignador de recursos en un país.

Nuestro compromiso es el de abordar estas problemáticas desde la respetable tradición republicana que ostenta Chile. Con esa mirada abrimos este espacio de discusión y desarrollo de ideas, para que converjan, con diversidad y respeto por la libertad de expresión, las opiniones de todo ciudadano que quiera contribuir a un diálogo sobre política, economía, ciencias, desarrollo humano y otros temas que pudieran ser de interés para quienes aspiran a asumir responsabilidades políticas, legislativas o de gobierno en los años venideros, teniendo presente los requerimientos de una democracia participativa, la necesidad de avanzar hacia una más justa distribución del ingreso, de asumir un nuevo paradigma de crecimiento económico, basado en las ciencias y las tecnologías limpias, y ya no más en el arcaico modelo exportador de materias primas.

Somos un grupo de profesionales, técnicos y académicos, con diversas miradas políticas e ideológicas, a los que nos une el pleno respeto por los Derechos Humanos y el sueño de un país más justo y equitativo, con una democracia moderna, con una economía al servicio del país y no de los sectores privilegiados. Nuestra organización, Acción de Convergencia Cívica, es una institución sin fines de lucro, democrática en sus objetivos, participativa y laica, en el sentido que define este concepto el Diccionario de la Real Academia Española: “independiente de cualquier organización o confesión religiosa”.

Esperamos ser un ente vivo de colaboración para que la ciudadanía, y los más jóvenes en especial, recuperen la confianza en la nobleza de la acción política, cuando está genuinamente guiada por el bien común y los valores republicanos.

 

 

 

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